| Sexo Amateur | Sexo Voyeur | Fotos de Sexo | Sexo Porno | Sexo Amateur | Sexo Duro | Videos de Sexo | Lesbianas | Fotos amateur |
Fotos y fotografias teen . Videos para poder descargar.Fotos y videos,de jovencitas de 18 años a 30 a elegir para poder chatear en directo. Fotos jovenes teen privadas de los amigos de la web que nos envian cada dia para publicar. Tambien camaras espias en la zona Vips
VOLVER A LA PAGINA PRINCIPAL DE teen
Fotos jovenes teen. Chicas que se desnudan y hacen Fotos jovenes teen. Camaras web para poder ver en directo las chicas mas guapas. Pornografia de lo mas erotico en la red. Gente normal que envian sus fotografias teen a nuestra web para su publicacion. Si quieres publicar tus fotos en nuestra web solo tienes que enviar a nuestra direccion de correo sexocasero@gmail.com tus fotos pero deben de ser amateur, fotos privadas y a poder ser unicas.
RELATOS DE JOVENES
LA BODA
Bueno, lo primero decir que lo que se narra en este relato no es verídico. Sin embargo, entra dentro de las fantasías que he vivido con una gran amiga. Fantasías que acabaron por hacer realidad, pero que forman parte de otra historia.
Hace unos meses, mi amiga celebró la boda de su hermana y, desde luego, tanto ella como yo hubiéramos deseado que sucediera la historia que a continuación narraré.
El reloj marcaba las 3 de la tarde. Quedaban poco más de dos horas para el enlace de un primo lejano, y pese a la insistencia de mis padres por ir, yo no tenía ganas, la verdad. Aún me encontraba vestido con el pijama, y cada vez que veía la americana y el pantalón colgados en una percha dentro del armario, me entraba sueño.
Quejarse no sirvió de nada, y acabé por enfundarme el traje y bajar a por el coche. En la calle, odiaba notar la mirada del resto de gente que sabe perfectamente que vas de boda. ¡Qué falta total de intimidad!
Alcancé el coche con rapidez, y tras recoger a mis padres, tomé la gran avenida en dirección a la boda donde se celebraría el enlace, a las 5 y media de la tarde.
En apenas 20 minutos nos plantamos en la catedral. Quedaban 15 minutos para que empezara la boda, y sólo el novio había hecho acto de presencia. La novia retrasándose, es tradición.
Aparqué el coche a escasos metros del lugar elegido para la celebración, y nos bajamos. Escoltado por mis padres, caminé varios metros hasta que llegamos a la escalinata de acceso.
Decenas de personas permanecían charlando en los distintos niveles de la escalinata. Mi mirada solo se detenía en las chicas jóvenes. Todas lucían magníficas, ayudadas por un sol de justicia. La verdad es que bellezas no faltarían.
No conocíamos a mucha gente, así que ingresamos en la iglesia sin mediar palabra con nadie y tomamos asiento en las filas de atrás, dejando los mejores puestos a las personas más allegadas a los novios.
A partir de ese momento, la gente comenzó a tomar asiento. Mis ojos llegaron a ver un par de culitos respingones bastante apetecibles, pero eran de niñas pijas que ni siquiera me concederían un baile, así que mejor obviarlas.
Tras unos minutos de incertidumbre, la iglesia se llenó, y ya solo faltaba por llegar la novia.
La espera llegó a su fin cuando la música orquestal inundó el espacio acústico del edificio religioso. Llevada por su padre al altar, Mónica, la novia, lucía un fabuloso vestido, transparente en la zona superior al pecho. Sus cabellos pelirrojos ondeaban al viento. Estaba magnífica, y muy apetitosa debería decir.
La ceremonia transcurrió sin ningún sobre salto. Tras la bendición del cura, la gente comenzó a abandonar sus asientos. Los novios, junto a los testigos, se dirigieron a una pequeña habitación situada junto al altar. Entre los invitados me llamó la atención, poderosamente, la presencia de una joven.
Su vestido estaba compuesto por dos piezas. Una larga falta negra con dobladillos, y un corpiño negro con rayas verticales blancas que modelaba perfectamente sus caderas. No era ni mucho menos una chica delgada. A simple vista, diría que entre 65 y 75 kilos, pero a mi me gustaban ese tipo de mujeres. Su cabello era largo y oscuro, y su tono de piel bastante pálido. Mediría entorno a un metro sesenta.
Me quedé unos segundos observándola, hasta que desapareció. Me había llamado la atención, la verdad, pero ahora lo mejor era regresar a la entrada, donde todo el mundo aguardaba la salida de los novios, arroz en mano.
Minutos después, una lluvia de arroz cayó sobre los nuevos marido y mujer. Entre el mar de gente, no volví a ver a esa chica joven. En ese momento, solo había ojos para la novia. Creo que tendría que ir a felicitarla ya tras la cena.
Las horas pasaron despacio.
Llegamos al restaurante donde se celebraría el convite. Un local con decenas de mesas bajo una inmensa carpa, y con una piscina de fondo. El lugar era maravilloso, y mi mente se olvidó durante un par de horas de todo rastro femenino.
Degusté la comida con pasión. Estaba maravillosa.
Llegó la hora de cortar la tarta, y los novios hicieron los honores con la espada. El dulce estaba fabuloso, aunque no menos que la novia, que lucía espectacular.
Acabó por fin la cena, y las primeras copas llegaron a las meses. Pude elegir un vodka con limón, mi bebida preferida. La gente comenzó a levantarse, al tiempo que yo preferí observar el panorama desde mi asiento.
Entonces, la música comenzó a sonar, y los novios bailaron el tradicional vals bajo la atenta mirada de todos los asistentes. Yo sólo tenía ojos para el culo de la novia. Era todo un monumento, ciertamente, de buen tamaño, sin llegar a ser exagerado.
Tras el baile, el resto de asistentes saltaron a la pista, y decidí que ese era mi momento.
Esquivé a varias personas hasta que llegué a la posición de los novios. Pensé que lo mejor era felicitar en primer lugar a mi primo, Héctor.
- ¡Felicidades primo!
- ¡Cuánto tiempo sin verte, Rubén!
Ambos nos fundimos en un cálido abrazo. Acto seguido, él señaló a su ya mujer.
- Te presento a Mónica. – Su mirada se posó en la bella pelirroja. – Él es Rubén, mi primo por parte de padre.
En ese momento sentí la suave fragancia de la novia. Olía a rosas. Nos saludamos con un par de besos, en los que comprobé lo tercia y suave que estaba su piel. Mi primo tomó la palabra.
- Te dejo con Mónica. Ahora regreso, que me están llamando mis padres.
Mi primo se marchó, y yo me quedé junto a la novia, que no sabía de qué hablar. Por ello, supongo que lo más sencillo era salir del paso ofreciéndome bailar, a lo que acepté encantado.
Posé mi mano derecha en su cintura, y comenzamos a bailar. Nuestros cuerpos estaban algo alejados, aunque nos rozábamos por momentos.
- ¿Te lo estás pasando bien? – Me preguntó.
- ¡Sí, muchas gracias!
Sin embargo, su fragancia comenzó a invadirme por momentos, y no lo pude evitar. Mi pene quería guerra. Y en uno de esos roces, ella lo notó.
- Vaya, sí que te lo estás pasando bien. – Esbozó una sonrisa. – Se nota que llevas la sangre de Héctor.
Sin esperarlo, ella se juntó más a mí. Yo la miré sorprendido
- No todos los días se puede disfrutar de algo así con un chico joven. – Me dijo.
Su pierna rozaba incesantemente mi paquete, y cada vez me estaba gustando más aquello. Sin embargo, sería sospechoso seguir bailando mucho más.
- Creo que sería mejor dejarlo así. – Le dije.
- Sí, es lo mejor. – De pronto, sus ojos se clavaron en la misteriosa chica que había visto en la capilla. – ¿La ves?
- Sí. – Asentí.
- Es mi hermana, Erika. – Mónica esbozó una amplia sonrisa. – Está soltera. Ya que no podemos disfrutar más mutuamente, ve con ella y conócela. Creo que le gustarás.
Dejamos de bailar unos segundos antes de que Héctor regresara.
- ¿Qué tal, cariño? ¿Te ha cuidado bien mi primo?
- Sí, es un chico muy majo.
Los novios se despidieron de mi y, ni corto ni perezoso, me dirigí hasta Erika, que acababa de dejar de bailar con una chica algo más mayor que ella. En pocos segundos, me sitúe delante de ella, sorprendiéndola.
- ¡Hola! Me llamo Rubén. – Señalé rápidamente a la novia. – Mónica me ha dicho que viniera a verte. Me ha dicho que te veía muy sola. – Mentí.
- ¡Hola! – Su voz tembló durante un momento. Parecía muy tímida. - ¿De veras dijo eso mi hermana? Me llamo Erika. Encantado.
Nos saludamos con un par de besos en la mejilla. Se notaba que eran hermanas, su piel también era suave.
- Igualmente. – Me quedé pensando qué decirla, así que hice lo mismo que hizo su hermana conmigo. – ¿Quieres bailar?
- Vale.
Al igual que con su hermana, rodeé su cintura con mi mano derecha. Había menos ropa cubriendo su cuerpo, así que sentí mejor la curvatura en sus caderas.
Ella evitaba mirarme directamente a los ojos, así que, la verdad, empecé a ver el resto de su cuerpo.
El vestido dejaba al desnudo su cuello y parte de su pecho, pecho que no destacaba por su tamaño, yo que diría que era algo pequeño. La falda lo dejaba todo a la imaginación, y la verdad, después del calentón con la novia, poca imaginación me quedaba.
No mediábamos palabras, así que decidí romper el hielo.
- Estas preciosa.
- Gracias. – Se sonrojó.
- No estás acostumbrada a que te lo digan, ¿verdad?
- No. Y no pienso que sea verdad.
El baile proseguía su curso.
- Yo creo que sí es verdad. Estás magnífica.
Volvió a sonrojarse.
- Eres un adulador, ¿lo sabías? – Su tono de voz no cambiaba. Parecía una chica muy inocente. Tenía toda la pinta de serlo, ciertamente.
Apoyé mi cabeza sobre su hombro, y nuestros cuerpos se juntaron bastante. Nos movíamos al son de la música, susurrándonos al oído.
- ¿Acaso te molesta que sea un adulador?
- En condiciones normales, me molestaría.
Ante esa respuesta, decidí bajar un poco la mano de la cintura. Acaricié suavemente su culo, algo más grande que el de su hermana, pero aún más apetitoso.
- ¿Y esto es una "condición normal"?
Su respuesta fue una pícara sonrisa.
Continuamos el baile unos segundos más, tras lo cual, me lancé sin ninguna duda.
- Sígueme.
Sin mediar palabra con Erika, me alejé de ella y de toda la celebración. Desaparecí tras el edificio del restaurante y me dispuse a ascender un pequeño promontorio de verde césped.
Tras llegar a lo más alto, me giré y alcancé a ver cómo Erika me estaba siguiendo. Parecía que al final no era tan inocente como pensaba. Siempre le estaría agradecido a Mónica.
Para no descubrir mi ansiedad, descendí rápidamente hasta llegar a un pequeño valle entre dos promontorios. Allí decidí esperarla.
Pocos segundos después, su figura apareció en lo alto, recortando el cielo estrellado. Rápidamente descendió la cuesta hasta llegar a mi posición.
No hizo falta ni una sola palabra. Erika se lanzó a mí, fundiéndonos los dos en un ardiente beso. Su lengua chiquitita comenzó a jugar con la mía, y hasta mi nariz llegó el olor de su perfume. Me estaba empezando a seducir.
Mis manos volvieron a situarse sobre su culo, pero esta vez lo apretaban con fuerza, haciendo que los dos cuerpos quedaran totalmente unidos.
Había cometido el error de ponerme boxers para ir a la boda, así que mi excitación en ese momento era ya irrefrenable. Mi paquete comenzó a marcarse sobre mi pantalón, y ella lo acabó por notar, ya que sus manos, hasta entonces inmóviles, se posaron sobre mi pecho.
Nuestros labios se separaron, y elegí ese momento para retirar su cabello y dejar al desnudo su cuello. Mis labios comenzaron a besarlo delicadamente, al tiempo que solté su culo y posé mis manos en su espalda, sintiendo como su piel se calentaba por momentos.
Las piernas de Erika temblaban. Mis besos la estaban matando de placer, y pronto apoyó sus manos sobre mis hombros, abandonándose a mis besos.
Poco a poco, ascendí hasta su oreja, susurrándole cerca de ella.
- Estás realmente preciosa.
- Eres un adulador. – Esbozó una amplia sonrisa.
- ¿Te molesta?
- Me encanta.
La pasión se desató por momentos, y nos volvimos a fundir en un acalorado beso. Erika comenzó a desabotonar mi camisa, acariciando mi velludo torso. Pronto me despojó de ella.
Sus manos recorrieron mi pecho suavemente, al tiempo que acercó sus labios de nuevo junto a mi oído
- Desátame el corpiño.
Su mano me guió hasta los pequeños cordones que anudaban el corpiño, y muy despacio, los desaté. El corpiño cayó al suelo, y ante mi se presentaron dos inmensos pechos sujetados con un sujetador negro. Su tamaño había quedado encorsetado por el corpiño, y en verdad, ante mi se presentó un pecho, a simple vista, entre una 100 y una 110, las más grandes que jamás he visto.
Ella misma se desabrochó el sujetador, liberando esos dos ricos frutos que pronto fueron masajeados por mis manos.
Al agacharme, comprobé que sus pezones tenían un buen tamaño, y se encontraban duros como una roca. Me fascinaban.
Mientras masajeaba la totalidad de sus pechos, mi lengua empezó a jugar con sus pezones. Entre lamida y lamida, vi como Erika permanecía con los ojos cerrados. Se estaba dejando llevar.
Sin embargo, sus manos, que hasta entonces solo jugueteaban con mi cabello, descendieron hasta posarse sobre mi paquete, que estaba completamente duro. Sus manos rodearon el contorno de mi pene, y lo agarraron con fuerza. Alternaba los apretones con buscar el contorno de mis testículos y masajearlos con cuidado.
Abandoné por un momento sus pechos, y me acerqué a su oído.
- Creo que no eres tan inocente como yo pensaba. Sabes como tratar una polla.
- ¿Sí? Nunca he probado una, la verdad. – Su voz era similar a la de una niña pequeña. Lo estaba haciendo aposta.
Fruto de ello, su mano sintió como mi pene se endureció aún más.
- Pero creo que esta noche, se acabará la espera.
Sin esperar un solo segundo, Erika se arrodilló frente a mí. La lujuria invadió su rostro por completo, y sus manos se posaron rápidamente sobre mi cinturón. Como si estuviera poseída, lo desabrochó con celeridad.
Acto seguido, mis pantalones también cayeron al suelo. La fina tela del bóxer era lo único que cubría mi cuerpo.
Su cara angelical se recostó contra mi paquete, y son su propia mejilla, se frotaba contra él. Poco a poco, su mejilla fue dejando paso a sus manos, que no paraban de acariciar el pene.
Me incliné un poco.
- No tengas miedo.
Sus pequeños dedos sujetaron la goma de la cintura del bóxer, y comenzaron a bajarlo. Mi pene, de 17 centímetros, saltó de improviso, quedando a escasos centímetros de su rostro.
Sus ojos no dejaron de apreciarlo. Sus manos se deslizaron con delicadeza alrededor de él. Sus pequeños dedos acariciaron el glande, al desnudo tras haberme operado. Con dulzura empezó a masturbarme, masajeándome los testículos cada poco tiempo.
Era novata, sin embargo, conocimientos no le faltaban. Acto seguido, levantó un poco su rostro.
- ¿Te está gustando?
- Me encanta.
Sin pensárselo dos veces, paseó su lengua por todo el tronco del pene, alcanzando el glande en pocos segundos. A continuación, engulló por completo mi pene dentro de su boca.
En su interior, la lengua estaba ensalivando la totalidad de mi pene. Al mismo tiempo, con su mano derecha me masturbaba, y con la zurda me masajeaba los testículos. Sin duda estaba siendo una mamada de campeonato.
- Eres fantástica.
De pronto, y con un gran halo de misterio envolviendo a Erika, dejó de mamármela y se tendió boca arriba sobre el césped, clavando sus codos sobre la hierba.
Abrió sus piernas ligeramente, tras lo cual, se alzó un poco la falda, dejándola a la altura de las rodillas. Me estaba ofreciendo su tesoro en bandeja de plata, y no iba a desperdiciar la ocasión.
Sin dudarlo ni un momento, me recosté sobre ella, besándola de nuevo. Mi pene, ya al desnudo, presionaba insistentemente sobre su entrepierna. Su mano buscaba con insistencia mi pene para acariciarlo.
Elegí ese momento para retroceder un poco, y hundir mi cabeza entre sus piernas, alzando su falda por completo. Mis ojos por fin pudieron ver su ropa interior.
Un diminuto tanga de color negro. A través de la fina tela, se marcaba perfectamente su rajita. No alcancé a ver ningún tipo de vello alrededor, así que imaginé que estaba depilada.
- Disfruta de esto, preciosa.
Sin dejar que dijera nada, eché el tanga a un lado, y mi lengua comenzó a abrirse paso entre sus carnosos labios vaginales. Rápidamente alcancé el clítoris, succionándolo con cuidado.
Erika se estremecía de placer. Entre dientes se escaparon pequeños gemidos que la delataban. Estaba disfrutando de todo ello con un completo desconocido.
A continuación, introduje un dedo en el interior de su cuevita, topándome con el himen. Erika era virgen.
- ¡Fóllame ya!
No la hice esperar. Me coloqué sobre ella, apuntando a su cueva directamente con mi pene, y de un solo empujón, logré romper el himen y enterrarla dentro de ella. La dejé unos segundos en su interior, al tiempo que ella ahogaba un terrible gemido de placer. Tenía que hacerse poco a poco a los 5 centímetros de grosor de mi pene.
Empecé a sacarla y a meterla, y con ello, sus pechos comenzaron a moverse a mi ritmo. Sus pezones conservaban la dureza, y eso me ponía mucho. Mis testículos golpeaban con fuerza su culo. Ella mantenía sus ojos cerrados, y se aferraba con fuerza a la hierba, arrancándola en ocasiones.
En ese momento, se inclinó y se agarró con fuerza a mi espalda, gimiendo en mi propia oreja. Su cuerpo se convulsionó, y acabó cayendo de nuevo sobre el césped rendida.
La primera corrida de la noche.
Sin tiempo para dejarla respirar, saqué mi pene de su cuevita y me agaché para lamer su rajita con cuidado. Mi lengua se hizo con todos los fluidos que había segregado. Erika trataba de recuperarse de la corrida.
Después de darla unos segundos de respiro, continué la penetración. Erika ya no tenía fuerzas ni para agarrar el césped, así que se dejó llevar. Ahora yo llevaba las riendas.
La sujeté firmemente de las caderas, volteándola. Ahora se encontraba a cuatro patas frente a mí. Hinqué mi rodilla izquierda en el césped, mientras que con mis manos, guiaba mi pene hasta la entrada de su vagina. No me lo pensé, y de un solo empujón, la ensarté de nuevo.
Para asegurarme de que las embestidas fueran profundas, me aferré a sus pechos y arremetí con fuerza sobre ella. Mi pene guiaba sus movimientos, y por primera vez, pude detenerme a disfrutar de su culo. Lo acaricié insistentemente.
La corrida no se hizo esperar, y vino anunciada por una nueva convulsión. Erika estaba extenuada, y cayó rendida sobre el césped con las piernas abiertas y chorreando flujos.
Sin dejarla descansar en ese momento, me tumbé sobre ella, comenzando de nuevo a penetrarla. Ella únicamente gemía, pero ya no le quedaban fuerzas para moverse.
- ¿Te está gustando, preciosa?
- Sigue, por favor. Esto es delicioso.
Atendiendo a sus ruegos, la volteé. Me tumbé sobre ella, y sin decirla nada, aferró sus brazos a mi cuello. La cargué sobre mí con firmeza, y mi pene volvió a taladrarla sin compasión.
Erika trataba de corresponderme con leves movimientos, pero ya no le quedaban fuerzas para ello.
En cada una de las dos corridas que disfrutó sobre mi, se aferró con fuerza a mi cuello. Tras ellas, la volví a dejar tendida en el suelo. Yo no me tumbé sobre ella. Simplemente la penetraba, pero no estaba del todo tumbado.
Sus ojos me miraban con pasión, pero a cada penetración, los cerraba por el placer que sentía. Yo ya no podía aguantar ni un segundo más, el semen hervía en mi interior.
No quería dejarla embarazada, así que saqué mi pene de su interior, y lo acomodé sobre su vientre, por encima de su oscura falda para no mancharla. Comencé a masturbarme bajo su atenta mirada, pero ella pronto decidió relevarme en la tarea.
Sus manos agitaban mi pene con fuerza. Sus dedos recorrían mi glande sin compasión, dándome un placer enorme. Ya no aguantaba más, y un torrente de leche blanca se derramó sobre sus increíbles pechos, mancillándolos. Por fin daba alivio a mi calentura. Ella sonreía.
Sin tiempo para decir nada, una voz, bastante conocida para mí, sonó a nuestras espaldas. Erika y yo giramos nuestros rostros con pudor.
- Una corrida espectacular.
Se trataba de Mónica, la hermana de Erika y la promotora de todo aquello.
- Hermanita, no está bien dejar una polla manchada de semen. Enséñame como se la limpias.
Tras asentir, Erika, con el pecho cubierto de semen, se incorporó un poco. Con delicadeza, se llevó mi pene a la boca. Su lengua se paseó por todo el glande, limpiando los restos de semen que aún me quedaban.
Tras limpiarla completamente, Erika se incorporó. Se volvió a poner el corpiño, y se colocó la falda. Parecía que nada había pasado. Eso sí, yo permanecía desnudo ante las dos hermanas, y con el pene aún duro.
Mónica se acercó a mí, agarrándomelo con su mano derecha.
- Has tenido suerte de que hoy me casara. Si no, está polla hubiera sido mía.
La novia soltó mi pene y retrocedió junto a su hermana.
- Regresemos a la fiesta antes de que noten nuestra ausencia.
Y así acabó todo. Volví a vestirme, y regresé a la fiesta como si nada hubiera pasado. Fue la mejor boda en la que he estado, y las mejores hermanas que he conocido, especialmente Erika.